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La información sobre los procesos de paz es un derecho de todos los colombianos, por eso desde un inicio fuimos claros con el gobierno al expresarle, que no compartíamos la confidencialidad, que él colocaba como condición para iniciar una fase de diálogos exploratorios. Pese a no compartirlo, por el bien de la paz, lo hemos respetado.

Lo publicado en la revista Semana el día 10 del presente mes, evidencia que existen filtraciones de información, sobre lo que se conversa en la mesa de diálogo entre el ELN y el Gobierno. Nuestra Delegación no ha tenido ningún intercambio con periodistas. No podemos ser tan temerarios para aventurar acusación alguna, contra los garantes internacionales de varios países que asisten a todas las reuniones. Quedaría por aclarar si la delegación del Gobierno o algún funcionario de él sea la fuente, que suministra información a Semana.

Como Semana arriesga versiones sobre lo que pudieran ser los puntos de vista del ELN en la mesa, invitamos a Semana a que revele la fuente de información y asuma la responsabilidad sobre el rompimiento de la confidencialidad. Junto a lo anterior, para equilibrar la balanza, se le debe permitir al ELN expresar su versión sobre lo acontecido en el Ciclo que concluyó el pasado ocho de marzo.

Es de todos conocidos que el objetivo de esta fase exploratoria es lograr un acuerdo sobre Agenda y diseño del proceso.

Semana asevera que el problema radica en que el ELN se niega a aceptar preacuerdos. Pero para cualquier persona con elemental información, una Agenda es la delimitación temática sobre asuntos a conversar en una fase siguiente, y como producto de conversaciones y negociaciones se podrá llegar a acuerdos, que puedan interpretar a ambas Partes.

El ELN está dispuesto a conversar sobre cualquier tema para llegar a acuerdos, en la misma medida que el gobierno también esté dispuesto a hacer lo mismo, sobre temas de interés para ambas Partes. Los acuerdos sobre cada punto se harán en la Fase Pública. En la Fase actual no habrá preacuerdos, sólo delimitación de temas para conversar y pactar en la siguiente Fase.

En la mesa se ha avanzado en la confección de una Agenda, que aún no se ha concluido, falta sólo un punto y se trabaja por delimitarlo con claridad, para que sea con base en acuerdos y no con presiones o imposiciones. De lo que se ha avanzado, pese a las dificultades, pueden dar cuenta los países garantes y no lo que nosotros digamos.

Que haya o no divisiones en el ELN es otro “cuento chino”, lógico que en toda colectividad política hay diferencias y matices, lo novedoso es que siendo nosotros una organización política alzada en armas con 50 años de lucha, nos hemos dividido menos que el partido liberal o el conservador. Lo llamativo es que en el asunto de la paz existe unidad interna, mayor consenso y un acuerdo político sólido que el máximo evento democrático, el Quinto Congreso del ELN, concluido el 7 de enero pasado, da testimonio en su Declaración Política.

Sobre el accionar armado del ELN en esta coyuntura política, corresponde a la lógica que el presidente Santos persiste en mantener: “hacer la paz en medio de la confrontación militar”. Él considera que gana más réditos políticos con amenazar a la insurgencia; dice que la paz es “a las buenas o a las malas”. En política algunos acuerdos se pueden hacer a las malas, pero la paz... jamás. Pues si se espera llegar a la paz por las malas, es porque se considera posible y viable la victoria militar, y así seguiremos vendiendo más guerra que paz. Es una pedagogía de paz equivocada.

El sentido común dice que a la paz se llega con hechos de paz y mensajes de paz, no con amenazas y más guerra, como la que adelanta el gobierno contra todos los sectores sociales que actualmente reclaman sus derechos: camioneros, indígenas, campesinos, trabajadores petroleros, mineros, magisterio, empleados estatales, usuarios de servicios públicos, desempleados, etc.

El gobierno habla de paz pero intensifica la guerra contra el pueblo, esperamos que esta realidad cambie, para que la paz esté más cerca.

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