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Motivado por su polémica aparición pública en el acontecer político del hermano país venezolano, a raíz de su pretendida visita intempestiva al líder opositor Leopoldo López recluido en una cárcel de Caracas y su participación en un foro con la oposición; me permito hacer estas reflexiones e invitarlo a la cárcel de alta seguridad de Cómbita (Boyacá) en el denominado patio de recepciones, donde me encuentro recluido con fines de extradición por el gobierno norteamericano, por conexidad como preso político y militante del ELN.

Ud. Señor ex presidente, en su gobierno de turno de 1998-2002, fue protagonista de la discutida zona de despeje del Caguán con las FARC y la infructuosa zona de encuentro en el sur de Bolívar con el ELN; cuyo objetivo con el cese bilateral por más de tres años, era el diseño del genocida plan Colombia, por el gobierno norteamericano; se escalara más el conflicto y fracasaran los intentos de la búsqueda de la paz por medio de la solución política.

Mientras en el país Ud. como conservador está aliado a las ideas del centro democrático liderada por Álvaro Uribe Vélez para obstaculizar el proceso de paz que habilita el presidente Juan Manuel Santos; ahora se alindera a la oposición venezolana para contribuir a la desestabilización del gobierno del vecino país. La lucha de clases no tiene fronteras, como el capital y sus efectos de hambre y miseria en toda la humanidad que lucha en la búsqueda de otro mundo posible.

Nuestro país para el logro de la paz, debe superar no sólo la dejación de las armas; sino la crisis estructural e integral, manifiestan en las jornadas de masas y paros nacionales de 2013 y 2014, donde el gobierno de Juan Manuel Santos hizo compromisos temporales a nivel económico, aún no cumplidos con la mesa única nacional agraria; pero el debate social, político, territorial y ambiental sigue vigente. Son temas que están en las agendas de las mesas de diálogo y que el país tiene derecho a opinar.

En nuestra historia de vida republicana desde 1830 la clase dirigente que construyó el estado fallido; siempre ha gobernado haciendo uso de la guerra, son 20 guerras locales y 9 civiles nacionales, donde se han acordado 63 indultos y 25 amnistías y la paz sigue esquiva. Una pregunta que la gente del común se hace: ‘‘¿será que esa misma elite es capaz de gobernar en paz?’’

A demás de la corrupción e impunidad institucional, la profunda crisis de la justicia y carcelaria ameritan reformas y cambios urgentes en aras de buscar soluciones para la superación.

Si ud. señor ex presidentes está supuestamente defendiendo los derechos humanos de un sector de los venezolanos, lo invito a que intercambiemos sobre la violación sistemática de los mismos por el Estado colombiano; condenado por las organizaciones internacionales defensores de los derechos humanos. Somos el país que tiene más desplazados en el mundo y el segundo en desigualdad social.

¿Por qué hoy se extraditan más de dos mil colombianos cada año a otros países, especialmente Estados Unidos? Eso es violar la soberanía y autonomía, la constitución nacional y los derechos humanos; como las grandes violaciones a los derechos humanos debido a los 72 conflictos socio ambientales por el extractivismo de las empresas transnacionales, tanto de la minería como de los monocultivos; al igual que la manipulación de la información por los grandes medios de comunicación para defender los intereses de una élite minoritaria en el poder.

De estos y otros temas me motivan hablar con Ud. con el fin de contribuir a la búsqueda de la paz por medio de la solución política.

Como defensor de los intereses de la clase popular, quedo pendiente de su respuesta y visita.

 

Con mucho respeto de patriota.

 

Atentamente.

 

Eduardo Martínez

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